Últimamente se me ha hecho muy difícil levantarme de buen humor, (para ser más específico este último mes) ya que con los viajes interprovinciales hacia la universidad, estar como vegetal durante 4 horas los martes, miércoles y jueves, ser niñero de mi hermana y obviamente el tan impredecible clima con el que vivimos, son suficientes escusas para querer matar a alguien y teniendo en cuenta mi carácter explosivo y mis excomuniones pendientes en más de 3 iglesias de la ciudad, solo era cuestión de tiempo para que sucediera algo.
Hoy sábado 2 de febrero del 2008 sucedió, me levante de un humor excelente, con una alegría pocas veces vista con la cual saludaría al más malvado de los violadores, con unas ansias de superación y ganas de vivir sin la más mínima preocupación. Es por eso que decidí ir a comprar unos pequeños detalles para mi carro, como por ejemplo, aceite, pisos, espejos y otras cosas que multiplicarían el valor del auto, así que le pedí a mi tío para que me llevara ya que desgraciadamente aun no tengo mi brevete.
Y entonces paso, nos encontrábamos en el cruce de la Mariana con Escardo a la altura del Banco de Crédito, mi tío y yo parecíamos dos poderosos militares de alto rango con nuestros lentes Ray-Ban, sin embargo nuestra apariencia intimidante pareció no afectar a una mente carente de razón o de lógica alguna, un tipo de ser humano tan repulsivo como su mismo nombre; un chofer de combi que sin el más mínimo escrúpulo o la mas mínima idea de seguridad al volante, haciendo una maniobra violenta, no solo arriesgando su miserable vida si no también la de sus pasajeros y más importante la nuestra, se metió cerrando el camino de mi auto y mi tío al ver esa estupidez (por qué no se le puede dar otro nombre) freno de golpe y ahí fue cuando escuche un sonido que se quedara resonando por siempre en mi mente, un chillido que solo es comparable con el de un cuchillo arañando metal. El susto inicial quedo en segundo plano cuando observe el destartalado parachoques de la combi saliendo con lentitud de la puerta del copiloto, donde yo estaba, abrí preocupado rogando para que nada haya pasado, al ver la cara del “animal” con una expresión de yo no hice nada, empecé a sentir una ira acecina y cuando observe el arañón de una profundidad de 2 cm mis ojos se llenaron de lagrimas que fueron desapareciendo lentamente con insultos (que ni yo mismo podía creer que los estaba diciendo) hacia ese cholo de mierda que odiare por el resto de mi vida. Mi ira cada vez más salvaje, traba de ser controlada por mi tío que nada podía hacer porque sabía que tenía razón. El punto de quiebre, donde solamente me dedique a gritar y hacer comentarios obscenos sobre la raza y la madre del Hijo de puta, fue cuando con una concha mas grande que las de muchas prostitutas el “aturdido conductor” -las palabras “aturdido conductor” son con un sarcasmo tan, pero tan iracundo que dan miedo- quiso librarse de su error diciendo que ese arañón de 2cm ya estaba antes de que me chocara, simplemente explote a tal punto que esta tan rojo que me podía dar un ataque en cualquier momento, mi tío levantando la vos me dijo “¡cálmate Miguel yo lo arreglo!” me aleje al capot del carro pero al percatarme que el cobrador (otro hijo de puta, animal de mierda, con unas manos tan repulsivas y nauseabundas como su cara) empezó a decirme que me calmara, lo putie a tal punto que se quedo callado y se alejo a su inmundo medio de trabajo, la combi. Después de que mi ira inicial fuera bajando y mi tío empezó a apuntar todos los malditos documento del animal y yo, aun en el capot, estaba llamando a la policía, cuando el repulsivo empezó a pedirle a mi tío que por favor lo dejáramos ahí nomas, ofreciéndole 20 soles, mi ira volvió y me acerque gritando (voy a escribir lo que dije así que por favor discúlpenme) “oye animal de mierda, para empezar deberías estar rogándome a mí porque el maldito carro es mío y ni te esfuerces porque la gente como tú no me da ni la más mínima lastima y te jodiste toy llamando a la policía webon de mierda” y mientras me alejaba el cholo de mierda miro a mi tío quien asintió con la cabeza diciendo “dice la verdad el carro es de él”.
Cuando llego el policía estaba ya calmado, con unas ansias de venganza que solo eran superadas por el deseó casi erótico de matar al hijo de puta, pero ya calmado, fuimos a la comisaria de la paz donde presente mi denuncia explicando con lujo de detalle al policía lo que había ocurrido, el animal que estaba a mi costado se quedo en silencio todo el tiempo y lo único que me animo, por decirlo así, fue que en ese mismo momento se le quito su licencia y se le impuso una multa, además de pagar los daños que causo en mi carro, los cuales pienso exagerar para que por lo menos pierda plata ese hijo de puta, por que se que volverá a tener otro accidente en su miserable vida, pero si algo me dejo esta experiencia fue que pude putiar con una autoridad que nunca había tenido.Chicho.


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